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La nau espacial Juno i els sorprenents sons del planeta Júpiter
La nau espacial Juno de la NASA abans d’entrar a l’òrbita de Júpiter el passat 4 de juliol va poder gravar el so d’aquest gegant de gas. Els sorprenents i estranys sons van ser capturats per un instrument d’ones quan la nau va creuar el camp magnètic de Júpiter el 24 de juny. Per estrany que pugui semblar, el soroll és en realitat un arc de xoc que és causat quan Juno va entrar a l’immens camp magnètic del planeta, el qual protegeix el gegant de gas dels vents solars, de la mateixa manera que el nostre camp magnètic de la Terra.
«La nau espacial Juno ens mostra informació inèdita sobre Júpiter»
El so es produeix quan els vents solars supersònics, que són llançats a través del sistema solar, de sobte desacceleren i s’escalfen mentre segueixen en la magnetosfera de Júpiter, el que resulta en un arc de xoc, que és semblant al boom sònic produït quan un avió supera la velocitat del so aquí a la Terra, i les ones de compressió es combinen per formar una ona de xoc. L’arc de xoc registrat per Juno va durar aproximadament 2 hores, la qual cosa és bastant impressionant tenint en compte que la nau estava viatjant al voltant de 241,000 km/h.
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El auge del actual nacionalsocialismo endofóbico europeo
El racismo antiblanco ha encontrado en la endofobia a su compañero de viaje ideal
Cada vez más ciudadanos sienten que deben medir cuidadosamente lo que escriben en redes sociales, o incluso en aplicaciones de mensajería, por temor a ser denunciados por un presunto delito de odio, afrontando largos procesos judiciales o sufrir graves consecuencias personales y económicas que pueden llegar a destrozarles por completo la vida. La libertad de expresión en Europa atraviesa el peor momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y todas las opiniones en Internet son monitorizadas bajo una censura social y jurídica partidista a la altura de los mejores tiempos de la Gestapo. Este es el retorno de un totalitarismo que juzga con mucha mayor severidad a una parte de la ciudadanía, por su color de piel o procedencia, y que recurre sin dudarlo a etiquetar como «fascista» o «ultraderechista» a cualquiera que discrepe de la versión oficial del gobierno nacionalsocialista de turno. Consecuencia de esta práctica endófoba y denigrante cargada de extremo autoodio, determinados problemas reciben una atención constante en los medios y redes sociales por parte de los periodistas y policías a sueldo, mientras que otros son minimizados, relativizados o incluso justificados, llegando a distorsionar la realidad y gravedad de lo que realmente está pasando en las calles europeas estos últimos años.
¿El mensaje que nos transmiten estas prácticas criminales? Mucho cuidado con defenderte ante un ataque mortal de un terrorista religioso porque puedes acabar siendo declarado culpable de racismo por la policía a pesar de ser la víctima e incluso te pueden negar el auxilio médico, como le pasó al británico Henry Nowak, el cual acabó muriendo. Cuidado con caminar en la calle equivocada en el momento equivocado si no quieres acabar muerto por un ataque en manada de «jóvenes» como le pasó a Louis, el menor francés de Narbona, que ahora los medios nacionalsocialistas acusan de ultraderechista y supremacista blanco. Cuidado con lo que dices delante de una cámara y no acabes como la activista Thaïs d’Escufon que se enfrenta en Francia a posibles penas de cárcel por denunciar que los integristas islámicos son el principal peligro para las mujeres en Francia, basándose en que fue víctima de una agresión sexual por parte de un radical tunecino. Tres claros ejemplos de lo que está sucediendo a diario, y que han podido escapar a la censura, principalmente gracias a la libertad de expresión de la plataforma X de Elon Musk.
Nadie en su sano juicio puede negar que cualquier violencia nunca debería medirse por la identidad cultural o el origen geográfico del agresor o de la víctima, sino por la gravedad de los hechos, pero parece ser que en los países donde el nuevo nacionalsocialismo ha arraigado con fuerza, la vida de unos vale menos que la vida de los otros. En ese contexto extremo y totalmente distópico aparece con frecuencia el concepto de endofobia, entendido como una actitud de desprecio o excesiva severidad hacia la propia cultura, sociedad o grupo de pertenencia y a la altura delictiva del racismo. Aunque el término no goza de una definición universalmente aceptada en el ámbito académico, suele utilizarse para describir un gravísimo problema psiquiátrico que lleva a juzgar con mayor dureza los errores propios que los ajenos o a interpretar la realidad desde un sentimiento permanente de culpa colectiva y autoodio. La amenaza real de la endofobia en Europa no debe tomarse a la ligera, ya que influye en el debate público y promueve la violencia hacia un colectivo muy concreto que no para de sumar víctimas cada día que pasa. ¿Os suena lo de acusar de tener problemas mentales a asesinos que gritan el nombre de su Dios antes de acabar con la vida de sus víctimas? Lo que antes era considerado terrorismo y ocupaba el espacio de las primeras noticias, ahora acaba clasificado como un caso aislado sin ninguna importancia, al que no se le debe dar más relevancia para no alimentar a la ultraderecha imaginaria que han inventado las autoridades nacionalsocialistas, su policía y periodistas cómplices.
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¿Ha perdido Europa el control de su territorio ante la oleada de violencia?
¿Es el inicio del fin de la civilización en Europa?
A las diez menos diez de la mañana de este miércoles 10 de junio, un hombre yacía boca abajo sobre la acera de la calle Balmes de Barcelona con un disparo en la cabeza. Murió delante de una comisaría de la Policía Nacional, junto a una escuela, a plena luz del día, en un barrio hasta ahora seguro y en plena visita del papa León XIV, con la ciudad blindada por un despliegue policial extraordinario. El pistolero actuó a cara descubierta, sin guantes, se dejó grabar por las cámaras de seguridad de la propia oficina del DNI, abandonó el arma en el suelo y desapareció corriendo como si nada. No le hizo falta esconderse. Sabía que no le pasaría absolutamente nada, y así ha sido. Posiblemente esta sea la fotografía exacta del momento que vive Europa: por primera vez se ha perdido claramente el control y la seguridad en las calles y las autoridades persiguen a todo aquel que lo denuncie en redes sociales.
No es un suceso aislado ni una anomalía estadística: es la constatación de que Europa es impotente ante la extrema violencia que impera en las calles de sus países, a excepción de los que se han blindado de la inmigración ilegal y descontrolada. En Barcelona, París, Belfast o Southampton, la semana transcurrida entre finales de mayo y este 10 de junio ha dejado un retrato continental que ningún discurso institucional sádico y tergiversador consigue ya maquillar. Las instituciones policiales europeas han perdido claramente el control y la gran pregunta que se hace la población es: ¿ha sido esta situación deliberadamente provocada por parte de la clase política estos últimos años? ¿Se ha demonizado a una supuesta extrema derecha imaginaria y a un supuesto supremacismo blanco imaginario para desviar la atención del verdadero y oscuro proceso endófobo que se está llevando a cabo conscientemente desde hace 5 años?
El caso de Balmes no admite lecturas amables. Las primeras informaciones apuntan a una venganza ejecutada por un sicario contratado para acabar con la vida de esa persona en concreto, y lo más inquietante no es el crimen en sí, sino su contexto. Es el enésimo suceso de estas características en Barcelona en los últimos meses, a pesar de que los Mossos d’Esquadra (policía catalana) hablan de que la percepción de pérdida total del control de las calles es «solo una sensación» de los ciudadanos. El sábado pasado, un hombre fue asesinado a tiros en la Zona Franca, tres semanas antes, otro corrió la misma suerte en las cercanías, y en Consell de Cent con Urgell también se mató a tiros; varios de estos casos remiten a ajustes de cuentas entre bandas criminales que han convertido Cataluña en un centro logístico de producción y exportación de marihuana e importación de cocaína. Las ejecuciones a plena luz del día llevan camino de normalizarse en España y se suman a los ataques islamistas que dejan muertos y heridos a diario y que son meticulosamente blanqueados o silenciados (bajo amenaza de delito de odio a usuarios en redes sociales y periodistas que se atrevan a llamarlo por su nombre) en la prensa controlada por el gobierno nacionalsocialista con claros tintes endofóbicos que rige España.
París ofreció hace diez días la versión masiva del mismo fenómeno, el de hordas de radicales islámicos hambrientos de caos reventando y ardiendo las calles sin que la policía pudiera hacerles frente, totalmente superada, y la curiosa negativa de Macron a usar el ejército. El PSG conquistó su segunda Liga de Campeones consecutiva y Francia volvió a arder. El despliegue de 22.000 agentes, un récord histórico para una celebración deportiva, no logró contener la violencia: más de 780 detenidos, 219 heridos (ocho de ellos graves, siete policías), un fallecido, un joven en estado crítico y daños estimados en 4,2 millones de euros. Un joven de unos veinte años murió al estrellar su motocicleta contra unos bloques de hormigón, y otro fue agredido en el distrito 16 por cuatro individuos armados, uno de ellos con un cuchillo, tras un presunto robo. Hubo incidentes en al menos quince ciudades más, de Orleans a Rennes, Estrasburgo, Clermont-Ferrand y Grenoble. Y aquí está el dato que convierte la anécdota en patrón: el año pasado, cuando el PSG ganó su primera Champions, dos personas murieron y casi 200 resultaron heridas, entre ellas un policía que sigue en coma. Mismo guion, dos años seguidos. El fútbol no es la causa; es el pretexto para dar rienda suelta al caos. La sociología francesa lo admite sin rodeos: las celebraciones o protestas ofrecen el anonimato y la impunidad necesarios para que grupos principalmente formados por radicales islámicos y de nacionalsocialistas proislámicos transformen el espacio público en territorio de saqueo y confrontación. Veintidós mil agentes y el Estado, aun así, espectador. Claramente, Francia ya solo depende de la voluntad de los violentos para ser tomada ante la actitud de docilidad de su gobierno.
La noche del lunes en Belfast, un hombre de unos 40 años fue atacado con un cuchillo en una calle del norte de la ciudad y sufrió heridas extremadamente graves; la policía detuvo a un refugiado sudanés por intento de asesinato. Las imágenes difundidas en redes sociales muestran cómo el agresor inmoviliza a la víctima tras quitarle los ojos e inicia su decapitación con un cuchillo gritando consignas islamistas; la víctima sobrevivió con lesiones gravísimas en cuello, rostro y ojos, aunque su vida pende de un hilo. El primer ministro Keir Starmer calificó el ataque de repugnante, aunque volvió a aferrarse al gran mantra de la extrema derecha imaginaria, a la vez que es acusado por miles de ciudadanos británicos de haber provocado voluntariamente este tipo de situaciones con sus políticas de entrada masiva y descontrolada de inmigrantes ilegales. Cientos de manifestantes salieron a las calles, ardieron vehículos y la tensión derivó en disturbios, con protestas convocadas en más de 70 ciudades del Reino Unido, acusándolo de endófobo, traidor y de promover el exterminio de ciudadanos blancos. Y es que la autodefensa de los últimos europeos occidentales que quedan es anulada y criminalizada bajo la etiqueta de ultraderecha y con amenazas de multa o prisión para cualquiera que se oponga a los discursos nacionalsocialistas proislámicos de clara tendencia endofóbica. Todo ello sin olvidar el caso de Henry Nowak en Reino Unido, apuñalado por un islamista pakistaní y abandonado a su suerte por la propia policía británica, la cual le negó asistencia médica, muriendo en la misma escena del crimen. ¿Serán juzgados en el futuro, a la altura de sus crímenes, los políticos que nos han llevado a este punto de no retorno y que han puesto nuestra vida en riesgo? ¿O ya no hay marcha atrás? Lo único que está claro es que las decapitaciones, apuñalamientos y violaciones en manada siguen…
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El brasileño que disparó a un OVNI y murió por radiación
El expediente permanece abierto en los archivos de la investigación ufológica brasileña
Inácio de Souza tenía 41 años, cinco hijos y la reputación de ser el mejor tirador de la comarca de Crixás, en el estado brasileño de Goiás. El dueño de la hacienda Santa María, Ibiracy de Moraes, presidente entonces del Banco de Brasil, lo contaba entre sus empleados más fiables: era el capataz de la finca, un hombre robusto que nunca había guardado cama por enfermedad y que, según los testigos, era capaz de derribar una paloma en pleno vuelo a varias decenas de metros. El 13 de agosto de 1967, a las cuatro de la tarde, Inácio de Souza apuntó su rifle Winchester del calibre 44 contra una criatura desconocida que corría hacia él y apretó el gatillo. Acertó. Lo que recibió a cambio fue un rayo de luz verde que le impactó en el lado izquierdo del pecho, y que según el certificado de defunción firmado semanas después fue, en realidad, leucemia.
Inácio y su esposa María regresaban a su domicilio en la hacienda cuando observaron que en la pequeña pista de aterrizaje de avionetas, un terreno llano que el propietario mantenía habilitado para sus vuelos privados, había posado un objeto de forma circular cuyas dimensiones estimaron en unos 35 metros de diámetro. El objeto tenía el aspecto de un cuenco invertido. En aquel primer momento, la pareja no sintió alarma: De Moraes era un hombre con contactos y con recursos, y no habría sido la primera vez que algún prototipo de vehículo militar tomara tierra en sus terrenos. Lo que sí llamó la atención de Inácio fue la presencia de tres figuras que se movían alrededor del aparato con una energía que le pareció impropia: brincaban, saltaban, se comportaban como niños. Y estaban, al menos desde la distancia, aparentemente desnudos. Inácio comenzó a caminar hacia ellos con paso decidido.
Cuando redujo la distancia lo suficiente, la imagen cambió por completo. Las figuras no estaban desnudas: vestían monos de una sola pieza de color amarillo, ajustados al cuerpo. Eran calvos. Su aspecto general resultaba, según la descripción que Inácio daría más tarde, profundamente extraño. En ese instante, las tres criaturas también los detectaron. Una de ellas señaló hacia la pareja y los tres seres echaron a correr directamente hacia ellos. Inácio reaccionó de manera instintiva: ordenó a su esposa que entrara en la casa y trancara la puerta, se plantó en posición de tiro y disparó. El proyectil alcanzó la cabeza de una de las criaturas a una distancia estimada de poco más de sesenta metros. Para un tirador de su nivel, un blanco rutinario.
La respuesta fue inmediata. Desde el objeto posado en la pista partió un haz de luz verde que golpeó a Inácio en el hombro izquierdo. El hombre perdió el conocimiento y cayó al suelo. Su esposa, que observaba desde la ventana de la cocina, salió de la casa con una pistola y se colocó frente al cuerpo inconsciente de su marido. Para entonces, los seres habían detenido su avance. Recogieron a la criatura abatida por el disparo, entraron en el objeto y desaparecieron: el disco emitió un zumbido intenso, ganó altura verticalmente y se marchó a gran velocidad.
Inácio fue trasladado de urgencia a un hospital de Goiânia, la capital del estado. Los médicos encontraron en la parte izquierda del tronco una quemadura circular de 15 centímetros de diámetro. A los cuatro días recibió el alta, pero el propietario de la hacienda, extrañado por la rapidez del proceso dado el delicado estado de su capataz, solicitó una reunión con el médico tratante. Este le confirmó en privado que el pronóstico era irreversible: los análisis habían revelado leucemia, y el enfermo no tendría más de dos meses de vida. El cuadro clínico que se fue desarrollando respondía a los síntomas clásicos de la leucemia de origen radiactivo: manchas blanco-amarillentas del tamaño de una uña extendiéndose por todo el cuerpo, temblores en las manos, náuseas, hormigueo generalizado y un adelgazamiento progresivo hasta la consunción extrema. Por recomendación expresa del propio Inácio, su esposa quemó todas sus pertenencias tras la muerte, incluyendo el colchón donde dormían.
Inácio de Souza murió el 11 de octubre de 1967, exactamente 59 días después del incidente en la pista de aterrizaje de la hacienda Santa María. El caso fue documentado posteriormente por el investigador Pablo Villarrubia Mauso en el volumen Las luces de la muerte y figura entre los pocos episodios de la ufología latinoamericana que combinan un contacto físico directo, un resultado letal verificado mediante certificado médico y un testimonio secundario de credibilidad contrastable: el del propio De Moraes, ejecutivo bancario de alto rango, que confirmó la secuencia de hechos relatada por la viuda y describió el estado de la salud de su trabajador antes y después del 13 de agosto. El expediente permanece abierto en los archivos de la investigación ufológica brasileña como uno de los escasos casos en los que la muerte del testigo quedó documentada de forma oficial.
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Al-Husayni, el vínculo del islamismo palestino con los nazis
El personaje del que nadie te ha hablado y fue pieza clave en el conflicto entre Israel y Palestina
Mientras en la actual Europa el nuevo nacionalsocialismo asegura perseguir una ultraderecha imaginaria para así deshumanizar a sus contrarios, vive dividido en dos facciones bien definidas: la proislámica (actualmente en el poder) y la antiislámica (mucho más residual), aunque el odio a los judíos (camuflado de antisionismo) las une. El binomio formado por el nacionalsocialismo y el islamismo tuvo como uno de sus grandes anclajes, a principios del siglo XX, al líder palestino Mohammed Amin. Un oscuro personaje nacido en Jerusalén hacia 1897, en el seno de uno de los clanes más influyentes de la ciudad: la familia al-Husayni, cuyos miembros habían ocupado la alcaldía trece veces entre 1864 y 1920. Una figura histórica silenciada por completo en los medios de comunicación controlados por el nacionalsocialismo y que certifica la gran relación de amistad que siempre ha existido entre ambos movimientos criminales.
Estudió derecho islámico en la Universidad de Al-Azhar de El Cairo bajo la tutela del teólogo salafista Rashid Rida, quien le inculcó la convicción de que Occidente libraba una guerra permanente contra el Islam. Sirvió como oficial de artillería otomano durante la Primera Guerra Mundial y, tras el colapso del proyecto panarabista en Damasco en 1920, reorientó su actividad política hacia el nacionalismo palestino. En 1921, el Alto Comisionado británico Herbert Samuel lo nombró Gran Muftí de Jerusalén, cargo que al-Husseini utilizó para promover el Islam mientras movilizaba un nacionalismo árabe no confesional contra los judíos. También fue elegido presidente del Consejo Supremo Musulmán, institución que controlaba los tribunales islámicos de Palestina y fondos religiosos por valor de decenas de miles de libras anuales, recursos que canalizaría hacia sus fines políticos durante los años siguientes.

Su trayectoria antijudía no surgió de improviso con el ascenso nazi. Desde 1920 se opuso activamente al pueblo judío y estuvo implicado como líder de los disturbios de Nabi Musa de ese año, por los que fue condenado in absentia a diez años de prisión por incitación, aunque los británicos lo perdonaron. Durante la década de 1930, transformó sistemáticamente disputas territoriales en conflictos de naturaleza religiosa, presentando el asentamiento judío en Palestina como una amenaza al Islam en su conjunto. Lideró el Alto Comité Árabe durante la revuelta de 1936–1939, que terminó en derrota militar frente a las tropas británicas. En 1937, evadiendo una orden de detención, huyó de Palestina y se refugió sucesivamente en el Mandato francés del Líbano y en el Reino de Irak. Desde el exilio mantuvo contactos crecientes con las potencias del Eje: recibió subsidios de la Italia fascista y envió a su secretario personal Kemal Hadad como enlace entre los oficiales iraquíes proalemanes y los representantes del Reich.
El salto definitivo hacia la colaboración con el nazismo se produjo entre 1940 y 1941. Cuando Gran Bretaña incumplió los acuerdos negociados con los líderes árabes moderados, al-Husayni tomó la decisión de orientarse hacia Berlín. En el verano de 1940 y nuevamente en febrero de 1941, presentó al gobierno de la Alemania nazi un proyecto de declaración de cooperación árabe-alemana, que contenía una cláusula sobre el derecho de los países árabes a resolver la cuestión de los elementos judíos en Palestina y en los demás países árabes, tal como se había resuelto en Alemania e Italia. El lenguaje era inequívoco: al-Husayni no pedía una solución política de la inmigración, sino la aplicación en los países árabes del mismo modelo de eliminación que el nazismo ejecutaba en Europa. Tras el fracaso del golpe de Rashid Ali en Irak en mayo de 1941, huyó a Irán y de allí, con ayuda de diplomáticos italianos y japoneses, llegó a Roma en octubre. Se reunió con Mussolini el 27 de ese mes. El 6 de noviembre de 1941, un avión alemán lo llevó a Berlín, donde discutió el texto de la declaración con Ernst von Weizsäcker y otros altos funcionarios alemanes.

El encuentro con Adolf Hitler tuvo lugar el 28 de noviembre de 1941 en la Cancillería del Reich, en presencia del ministro de Exteriores Joachim von Ribbentrop y del antiguo embajador en Irak Fritz Grobba. Al-Husayni pidió a Hitler una declaración pública que reconociera las luchas árabes por la independencia y apoyara la eliminación del hogar nacional judío. Hitler se negó a hacer tal anuncio público, pero le pidió guardar en lo profundo de su corazón que el objetivo de Alemania sería únicamente la destrucción del elemento judío que reside en la esfera árabe bajo la protección del poder británico. Grobba, en su propio acta de la reunión, recoge las mismas palabras esenciales. Los alemanes alojaron a al-Husayni en una lujosa villa de Berlín y le destinaron una subvención mensual de alrededor de 50.000 marcos reichsmark. El consenso académico actual descarta que al-Husayni influyera de manera determinante en la decisión de lanzar la Solución Final, adoptada mediante un proceso burocrático interno del régimen entre 1941 y 1942 en el que los jerarcas nazis como Himmler, Heydrich y Eichmann fueron los actores centrales. Sin embargo, su colaboración activa con la maquinaria del exterminio durante los años siguientes está documentada con precisión.
A partir de 1942, al-Husayni se convirtió en un instrumento propagandístico del Reich de alcance geopolítico. El 18 de diciembre de 1942, en la inauguración del Instituto Central Islámico de Berlín, del que fue presidente honorario, denunció a los judíos como los enemigos más acérrimos del Islam, los acusó de haber provocado la Segunda Guerra Mundial y llamó a los musulmanes a liberarse de la persecución enemiga usando la violencia contra ellos. El 23 de diciembre de 1942, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán transmitió el discurso durante un informativo diario en árabe emitido hacia Oriente Medio. Sus intervenciones radiofónicas desde la emisora alemana en árabe fueron regulares durante toda la guerra, dirigidas a audiencias en Palestina, Egipto, Irak y el norte de África, mezclando teología islámica con antisemitismo racial europeo.

La colaboración con el reclutamiento militar fue igual de significativa. En febrero de 1943, Hitler aprobó la creación de la 13.ª División de Montaña de las Waffen-SS, conocida como División Handschar. El jefe de las SS Heinrich Himmler autorizó el reclutamiento de musulmanes bosnios para la unidad, y en marzo y abril la Oficina Central de las SS envió a al-Husayni a colaborar en los esfuerzos de reclutamiento. Sus discursos y su autoridad carismática resultaron decisivos para mejorar notablemente el alistamiento. En uno de esos discursos en Sarajevo declaró que los países que sufren bajo el yugo británico y bolchevique esperan el momento en que las potencias del Eje salgan victoriosas, y definió a los musulmanes bosnios como la primera división islámica que sirve de ejemplo de colaboración activa. La División Handschar cometió brutales crímenes de guerra contra serbios cristianos, gitanos y judíos. Al-Husayni llegó a decir a los imanes en formación para la división que los musulmanes no tendrían nunca un aliado mejor ni más leal que el Gran Reich Alemán.
Entre mayo y junio de 1943, al-Husayni escribió a los gobiernos de Bulgaria, Alemania, Italia, Hungría y Rumanía exigiendo que no participaran en los esfuerzos británicos para transferir judíos desde Europa hacia Palestina. Sus cartas instaban a esos gobiernos a enviar en cambio a los judíos bajo su control a Polonia, donde operaban los campos de exterminio. Adolf Eichmann, responsable de la deportación de los judíos europeos, mantuvo reuniones con al-Husayni en Berlín; el propio al-Husayni reconoció haberse reunido con él. La intervención epistolar contra los traslados de refugiados constituye el ejemplo más directo y documentado de su participación activa en obstaculizar cualquier vía de escape del exterminio.
A mediados de 1944, al-Husayni aceptó participar en el comité organizador del Congreso Internacional Antijudío planeado por Alfred Rosenberg, ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este, cuyo propósito era demostrar que los Aliados combatían la Segunda Guerra Mundial exclusivamente en beneficio de los judíos y desarrollar estrategias de investigación para combatir la judería. El congreso, previsto para el 11 de julio de 1944 en Cracovia, fue cancelado cuando el Grupo de Ejércitos Centro alemán se desintegró en el frente del Este. En marzo de 1944 emitió por radio el discurso más explícito de su colaboración con el exterminio: exhortó a sus oyentes a levantarse como uno solo y luchar por sus derechos sagrados, y a matar a los judíos donde quiera que los encontrasen, declarando que eso agradaba a Dios, a la historia y a la religión.
El 7 de mayo de 1945, horas antes de la rendición incondicional de Alemania, al-Husayni huyó a Bad Gastein. Quedó bajo custodia francesa en París, con estatus de arresto domiciliario, pero nunca fue sometido a juicio por crímenes de guerra. La presión del secretario general de la Liga Árabe persuadió a los gobiernos occidentales de no juzgarlo. Regresó a Egipto en 1946 y continuó desde allí su actividad política, oponiéndose al Plan de Partición de la ONU de 1947 y organizando milicias propias durante la guerra árabe-israelí de 1948. Tras la derrota árabe, su credibilidad política quedó destruida y fue progresivamente marginado. Murió en Beirut el 4 de julio de 1974.
La historiografía contemporánea distingue con precisión entre lo que al-Husayni fue y lo que algunos han exagerado que fue. No ordenó ni diseñó el Holocausto, cuya arquitectura fue obra exclusiva del aparato nazi. Pero sí colaboró activamente con ese aparato en la propaganda antijudía dirigida al mundo árabe y musulmán, en el reclutamiento de combatientes para divisiones SS responsables de crímenes de guerra, y en las gestiones diplomáticas destinadas a impedir que judíos bajo dominio europeo escapasen hacia Palestina. Fue, en la terminología que los historiadores aplican al Holocausto, un colaborador activo en la caza y genocidio de judíos.

Para todos aquellos que quieran vivir una auténtica experiencia «batmaniana», hoy les mostramos imágenes del Motel Eden de Kaohsiung, en Taiwán, que ofrece hasta 46 habitaciones temáticas, entre las que destaca su estancia estrella: la dedicada al Caballero Oscuro, ideal para todos los enamorados del héroe de DC Comics. Esta curiosa habitación está decorada al estilo de la Batcueva, con logotipos de Batman por todas partes, un bonito sillón inspirado en el Batmóvil y otros objetos y muebles basados en este popular superhéroe.
El precio de la habitación es de 50 dólares por tres horas, así que ya podéis ir ahorrando si queréis pasar allí una noche entera.

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La gran mentira de la protección de la mujer en España
El caso de Pavlina y Natalia nos estremece; llevan más de un año amenazadas de muerte sin ninguna protección
Cada vez que una mujer es asesinada a pesar de tener una orden de alejamiento vigente, los gobiernos repiten el mismo ritual: condena unánime, declaraciones de indignación, promesas de reforzar el sistema y vuelta a empezar. En España, administraciones de distinto signo político han convertido la protección de la mujer en uno de los ejes centrales de su discurso público durante dos décadas: leyes con nombres contundentes, campañas institucionales, minutos de silencio en el Congreso, subvenciones millonarias para organizaciones afines, puntos lila desperdigados por las calles que ofrecen una seguridad puramente decorativa o bancos pintados de colores que no han protegido a nadie. Y sin embargo, la realidad sigue demostrando, caso tras caso, que entre la promesa y la protección efectiva existe una distancia que el sistema no ha sido capaz, o no ha querido, cerrar.
El caso de Pavlina y Natalia nos estremece; llevan más de un año mirando hacia la puerta de su tienda. No esperan solo clientes: lo esperan a él. Esperan a un hombre que amenaza con matarlas una y otra vez, porque ya saben que volverá. Ha incumplido la orden de alejamiento más de diez veces desde febrero, ha violado la prohibición de comunicación 664 veces, ha lanzado botellas contra ellas y ha robado un cuchillo en un restaurante para atacarlas. Y cada vez que la policía lo detiene, al día siguiente está en la calle. Pavlina y Natalia regentan la Herboristería del Rey de Barcelona, un establecimiento con 205 años de historia, y viven, en sus propias palabras, con la sensación de que la pregunta ya no es si ocurrirá una tragedia, sino cuándo. «Desde hace más de un año vivimos con miedo constante debido a una persona que nos persigue sistemáticamente, nos amenaza y viola todas las prohibiciones impuestas por la justicia. Primero, el juzgado le impuso una orden de alejamiento de 300 metros y la prohibición de comunicarse con nosotras. Esa orden fue incumplida repetidamente. En enero, la situación se volvió todavía más peligrosa: lanzó botellas de Martini contra nosotras delante de clientes y, además, robó un cuchillo en el restaurante de delante de la tienda para atacarnos. Solo gracias a los trabajadores del restaurante lograron quitarle el cuchillo a tiempo. Después de eso, nos concedieron una orden de alejamiento de 1000 metros y una prohibición total de comunicación.», nos confiesa Pavlina.
Su caso no es una anomalía, es la clara muestra de un sistema funcionando exactamente como está construido, y demuestra con precisión quirúrgica la gran mentira de la protección de la mujer en España, y los fallos no son nuevos ni achacables a una sola administración. El artículo 468 del Código Penal tipifica el quebrantamiento de una orden de alejamiento, pero la acumulación de incumplimientos rara vez desemboca en prisión preventiva. Los juzgados de violencia sobre la mujer acumulan retrasos estructurales que convierten los juicios rápidos en una ficción burocrática. Y los protocolos policiales, transferidos en buena parte a las comunidades autónomas, dependen de recursos y formación que no llegan de manera homogénea a todo el territorio. En el caso de Pavlina y Natalia, los Mossos d’Esquadra, cuerpo dependiente de la Generalitat de Catalunya y no del gobierno central, llegaron a negarse a aceptar nuevas denuncias argumentando que ya habían presentado suficientes. Nueve denuncias documentadas con 664 cartas con amenazas y episodios de violencia registrados en vídeo. «Desde el 10 de febrero de 2026 ha incumplido esa orden más de 10 veces presentándose en nuestra tienda. No siempre la policía conseguía detenerlo. Y cuando lo detenían, lo dejaban libre al día siguiente y volvía otra vez con amenazas de quemar nuestra tienda y matarnos. Se reía en nuestra cara y decía que la policía no nos iba a ayudar. Cuando preguntábamos a la policía cómo era posible que lo dejaran libre otra vez, nos respondían: ‘Nosotros ya hicimos nuestro trabajo: detenerlo. Lo que pase después ya no depende de nosotros’. También pedimos ser llamadas para un juicio rápido, pero nunca obtuvimos respuesta», confiesa Pavlina.
Hay además un vacío legal que el caso ilumina con especial crudeza: cuando el agresor no es pareja ni expareja, sino un acosador (no heterosexual) sin vínculo sentimental, el sistema de protección pierde coherencia y se desvanece. La Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, aprobada en 2022 con gran despliegue mediático, no resuelve esta situación. A Pavlina y Natalia les denegaron incluso el abogado de oficio. «Aun así, en los juzgados todo esto sigue siendo tratado como ‘infracciones leves’. La mayoría de las veces que llamamos a la policía, ni siquiera acudieron. Incluso cuando fuimos con vídeos de las cámaras de seguridad para presentar nuevas denuncias, los Mossos d’Esquadra ya no querían aceptarlas, diciéndonos: ‘Ya han presentado suficientes denuncias’. Actualmente, tenemos interpuestas hasta 9 denuncias oficiales. Nuestra tienda está sufriendo enormes pérdidas porque constantemente tenemos que cerrarla para ir a la policía, a los juzgados o a abogados. También atacó a una trabajadora de la tienda, lanzándole botellas y objetos. Debido al miedo y al estrés constante, ella tiene que coger bajas médicas con frecuencia. Vivimos con ataques de pánico constantes. Cuando trabajamos en la tienda, no podemos atender tranquilamente a los clientes porque estamos mirando continuamente hacia la puerta, esperando que vuelva a aparecer. El año pasado, esta persona también presentó denuncias falsas contra nosotras en múltiples organismos, lo que provocó tres inspecciones sanitarias. Lo más grave es que, como esta persona no es nuestra expareja ni un familiar, nadie está tratando el caso como realmente peligroso. Incluso nos negaron un abogado de oficio. Ahora vivimos con la sensación de que la cuestión ya no es si ocurrirá una tragedia, sino cuándo alguien resultará herido o muerto».
Lo que describe su testimonio no es el fracaso puntual de un gobierno ni la negligencia de un cuerpo policial concreto. Es la distancia estructural, mantenida por todos los que han gobernado, entre el discurso de la protección y los medios reales para ejercerla. Esa distancia tiene consecuencia directa: mujeres que miran hacia la puerta y cuentan los minutos, obligadas a convivir con un miedo que nadie debería normalizar. Y con una paradoja final que lo resume todo: si algún día deciden defenderse por sus propios medios, nadie tiene dudas de que la justicia las perseguirá con una contundencia que su acosador nunca ha conocido.
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Los barcos de Magonia, el caso OVNI de la Lyon del año 815
Cuatro supuestos campesinos que el pueblo aseguró que habían descendido de naves voladoras
En plena Alta Edad Media, año 815, cuatro personas estuvieron a punto de ser lapidadas en Lyon por haber descendido, según el pueblo, de naves voladoras; con un obispo se interpuso entre ellas y la muchedumbre. El caso permanecería olvidado durante más de mil años.
Era una mañana cualquiera de principios del siglo IX cuando el rumor comenzó a circular por las calles de Lyon: habían aterrizado naves del cielo. No era la primera vez que se hablaba de tales apariciones en la región, pero esta vez había algo distinto, algo que heló la sangre de los vecinos. Había testigos, y había prisioneros. Cuatro personas (tres hombres y una mujer) fueron capturadas por la multitud antes de que pudieran escapar. Los testigos juraban haberlas visto descender de aquellas misteriosas aeronaves que sobrevolaban el cielo de la Galia. En cuestión de horas, el rumor se convirtió en clamor, y el clamor en furia.
Para comprender el pánico que se desató aquella mañana, es necesario entender una creencia profundamente arraigada en la Europa carolingia: la existencia de Magonia, un reino celestial del que provendrían naves voladoras tripuladas por piratas del cielo. Se decía que estos seres surcaban las nubes con el propósito de desatar tormentas, arrasar cosechas y robar el grano antes de que pudiera ser recogido. Eran, en la mentalidad popular de la época, los responsables de toda calamidad meteorológica que amenazara la subsistencia del pueblo. Esta creencia no era un fenómeno local ni marginal. Estaba extendida por amplias zonas del mundo franco y formaba parte de ese sustrato de supersticiones que el clero carolingio intentaba, con escaso éxito, combatir. En tiempos de hambre, sequía o granizo, los campesinos necesitaban culpables. Magonia les proporcionaba unos perfectos.

Los cuatro detenidos permanecieron encadenados durante varios días, exhibidos ante una multitud que exigía su ejecución por lapidación. Su crimen: haber regresado (o así lo creían sus acusadores) de los barcos celestes de Magonia, cargados de saber prohibido y quizás de los granos que los piratas del cielo habían robado a los agricultores de la región. Pero los acusados ofrecían una versión radicalmente distinta. Ellos decían que no eran piratas de ningún tipo. Eran gente de la zona, vecinos ordinarios que habían sido capturados contra su voluntad por aquellos misteriosos hombres y trasladados a un lugar desconocido, donde presenciaron cosas que no sabían cómo describir. Nadie les creyó. El relato que ofrecían se basaba en un rapto involuntario, un traslado a un lugar ignoto y un retorno que los desorientó y fueron incapaces de explicar correctamente lo vivido con una narrativa que para nada encajaba con la época. O eran piratas del cielo, o eran sus cómplices. La lógica del miedo no admitía términos medios.
La intervención de Agobardo de Lyon cambió el desenlace de aquella historia. Este era un hombre excepcional para su época: teólogo riguroso, reformador eclesiástico y, sobre todo, un racionalista avant la lettre que desconfiaba profundamente de las supersticiones populares. Cuando llegó a la plaza donde la muchedumbre se disponía a ejecutar a los cuatro prisioneros, no huyó de la confrontación. Durante un tiempo prolongado, el propio Agobardo lo describe en sus escritos como un debate largo y extenuante, que le enfrentó verbalmente a los acusadores, cuestionando sus argumentos uno a uno. ¿Habían visto con sus propios ojos a estas personas descender de los barcos? ¿Podían probar que Magonia existía? ¿Era suficiente el rumor para condenar a muerte a cuatro personas? La multitud no estaba acostumbrada a que sus creencias fueran interrogadas de aquella manera, y mucho menos desde el púlpito.
Finalmente, Agobardo logró lo que parecía imposible: convenció a la muchedumbre de que liberara a los cuatro prisioneros. Los detalles exactos de cómo consiguió calmar los ánimos se pierden en la imprecisión del texto latino, pero el resultado es claro. Los cuatro sobrevivieron. Agobardo de Lyon dejó constancia del episodio en su obra «De Grandine et Tonitruis («Sobre el granizo y los truenos»), escrita en el siglo IX. El tratado es, en sí mismo, un documento extraordinario: una denuncia sistemática de las creencias mágicas y supersticiosas de su tiempo, redactada con una claridad argumental inusual para la época. Agobardo no pretendía simplemente relatar el caso de Lyon; quería demostrar, con la autoridad de la razón y de las Escrituras, que la naturaleza no obedecía a piratas del cielo, sino a las leyes de Dios. El libro cayó en el olvido durante siglos. Se conservó en algunos monasterios, fue copiado con escasa difusión y permaneció fuera del canon de los textos medievales más estudiados. Para la mayor parte de la historia intelectual europea, el episodio de Lyon era una anécdota curiosa sepultada en latín eclesiástico.
El redescubrimiento del siglo XX
En 1969, el astrofísico y estudioso de lo inexplicado Jacques Vallée publicó «Passport to Magonia: From Folklore to Flying Saucers», un libro que cambiaría para siempre la forma en que se estudiarían los llamados fenómenos de avistamiento aéreo no identificado. La tesis central de Vallée era provocadora: los ovnis modernos no eran un fenómeno nuevo. Eran la versión contemporánea de una experiencia humana recurrente que se remontaba a siglos atrás, y que la cultura de cada época había interpretado según sus propios marcos de referencia.
En el caso de Lyon, conocido también por los barcos voladores de Magonia, los cuatro prisioneros, el obispo racionalista ocupaban un lugar central en el argumento de Vallée. Las estructuras narrativas eran, sostenía, asombrosamente similares: apariciones de objetos voladores desconocidos, testigos que afirman haber sido trasladados contra su voluntad, incapacidad para articular lo vivido a su regreso y una comunidad que oscila entre el terror y la exigencia de castigo. Lo que en el siglo IX se llamaba barco de Magonia, en el siglo XX se llamaba platillo volante. Los guiones, sin embargo, eran casi idénticos. La interpretación racionalista, la que defendía el propio Agobardo, sostiene que los cuatro individuos fueron víctimas de la histeria colectiva de una sociedad campesina aterrorizada por fenómenos meteorológicos que no sabía explicar. Quizás los vieron llegar de lejos, caminando desde una dirección inusual, justo cuando alguien había avistado algo extraño en el cielo. El resto lo hizo el miedo.
Otros investigadores, siguiendo la estela de Vallée, prefieren suspender el juicio. El relato de los propios acusados: el rapto, el traslado, el retorno, no encaja con una simple confusión de identidad. ¿Por qué inventar esa historia específica si sabían que no iba a salvarles? ¿Qué habían visto realmente? Lo cierto es que el caso de Magonia es, ante todo, un espejo. Refleja cómo las sociedades humanas procesan lo desconocido, cómo el miedo transforma la incertidumbre en culpa y cómo, en ocasiones excepcionales, una sola voz razonada puede interponerse entre la multitud y sus víctimas. Que esa voz fuera la de un obispo medieval que creía en Dios, pero no en los piratas del cielo, no deja de ser una de las ironías más hermosas que nos ha legado la historia.

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La liberación de documentos OVNI y la audiencia histórica en el Congreso de Estados Unidos
Se inicia la publicación de documentación hasta ahora oculta al gran público
8 de mayo de 2026: el gobierno de Estados Unidos ha dado un paso sin precedentes: el Departamento de Guerra ha publicado los primeros 162 archivos desclasificados sobre UAP —vídeos, fotografías, cables diplomáticos, informes del FBI y transcripciones de misiones de la NASA— accesibles para cualquier ciudadano sin necesidad de autorización de seguridad, a través del portal http://war.gov/UFO. Sin duda, el peor día para los negacionistas de este fenómeno, con la activación de la iniciativa, llamada PURSUE (Presidential Unsealing and Reporting System for UAP Encounters) e impulsada por Donald Trump, que involucra a la Casa Blanca, la ODNI, el Departamento de Energía, la AARO, la NASA y el FBI, y prevé la publicación gradual de nuevos lotes de documentos cada pocas semanas.
Esta desclasificación masiva no ha llegado de la nada. Es en gran medida el resultado directo de lo que ocurrió casi tres años antes, el 26 de julio de 2023, cuando tres militares y exoficiales de inteligencia testificaron bajo juramento ante el Congreso —en la primera audiencia pública de su tipo— sobre tecnología no humana, programas secretos y la presión institucional para silenciar a quienes habían visto demasiado. Ese fue el momento en que el tema dejó de ser tabú en Washington.
La audiencia fue calificada por varios congresistas como «la más bipartidista» en años. Demócratas y republicanos coincidieron en algo poco habitual en Washington: la falta de transparencia del gobierno sobre los UAP (Unidentified Anomalous Phenomena, el término oficial que reemplazó a «OVNI») es un problema grave de seguridad nacional que ha durado décadas. El subcomité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes llamó a tres testigos: el ex piloto de F-18 de la Marina Ryan Graves, el ex oficial de inteligencia David Grusch, y el ex comandante de la Marina David Fravor, protagonista del ya famoso incidente del «Tic-Tac» de 2004.
Los tres testigos y sus testimonios
Ryan Graves sirvió una década en la Marina como piloto de F-18. En 2014, su escuadrón comenzó a detectar objetos desconocidos frente a la costa de Virginia Beach tras actualizar sus sistemas de radar. Lo que empezó como posibles errores de sensor pronto se confirmó con múltiples sistemas a bordo, incluyendo sistemas infrarrojos. La descripción del objeto fue precisa y consistente entre varios pilotos a lo largo de casi ocho años: un cubo de color gris oscuro o negro dentro de una esfera transparente, con los vértices del cubo tocando el interior de la esfera. En un incidente cercano a su zona de entrenamiento, uno de estos objetos pasó a menos de 15 metros de la aeronave líder. El comandante de la misión canceló el vuelo de inmediato.Lo que más impresionó a Graves fue el comportamiento físico del objeto:
- Permanecía completamente estacionario con vientos de categoría 4 de huracán.
- Aceleraba hasta velocidades de Mach 2 de forma abrupta y errática.
- No tenía alas, ventanas, partes visibles ni sistema de propulsión.
- No emitía calor, algo imposible para cualquier tecnología conocida.
- Graves fundó posteriormente Americans for Safe Aerospace, donde más de 30 pilotos militares y comerciales han compartido sus experiencias en privado. Estima que solo el 5 % de los avistamientos se reporta oficialmente, por miedo a represalias profesionales o a ser retirados del servicio de vuelo.
El 14 de noviembre de 2004, David Fravor era comandante del Escuadrón de Caza 41 «Black Aces», a bordo del USS Nimitz frente a la costa de San Diego. Ese día, el crucero USS Princeton llevaba dos semanas rastreando objetos que descendían desde más de 24.000 metros de altitud hasta los 6.000 metros, permanecían durante horas y regresaban a las alturas.
Fravor y su wingman fueron enviados a investigar. Las condiciones meteorológicas eran perfectas: cielo despejado, viento suave, mar en calma. Al llegar a la posición, los cuatro tripulantes (dos pilotos y dos oficiales de sistemas de armas) vieron un objeto blanco con forma de Tic-Tac de unos 12 metros, sin alas, sin ventanas, moviéndose de forma errática sobre el agua.
Cuando Fravor comenzó a descender en espiral para acercarse, el objeto alineó su eje longitudinal con la aeronave y comenzó a ascender. En cuestión de segundos, cuando Fravor estaba a unos 800 metros de él, el objeto aceleró y desapareció instantáneamente. El controlador aéreo, incrédulo, confirmó que el objeto había reaparecido en el catpoint —el punto de encuentro aéreo— a 100 kilómetros de distancia en menos de un minuto.
Un piloto que despegó después logró grabar los 90 segundos de video que el Pentágono publicó años más tarde. Lo que no se publicó fue la cinta del radar, que mostró cómo el objeto bloqueó activamente el sistema de radar APG-73, uno de los más avanzados de la época, antes de que el piloto lograra capturar el video de forma pasiva. Ante el Congreso, Fravor fue categórico: «Lo que vimos supera con creces nuestra ciencia de materiales y capacidades actuales, y lo que desarrollaremos en los próximos 10 o 20 años. No tenemos nada que se le acerque.»
También descartó que pudiera ser tecnología de algún adversario conocido: «Creo que desafía la ciencia de materiales que actualmente poseemos.»
David Grusch fue oficial de inteligencia durante 14 años, llegando al nivel civil GS-15 (equivalente a coronel) en la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial. Entre 2019 y 2021 formó parte del Grupo de Trabajo sobre UAP y fue enlace ante la Oficina de Resolución de Anomalías en todos los Dominios (AARO). En mayo de 2022 se convirtió en denunciante oficial mediante una denuncia de «preocupación urgente» ante el Inspector General de la Comunidad de Inteligencia. Su testimonio ante el Congreso es el más explosivo y controvertido.
Según Grusch, tras entrevistar a más de 40 testigos con conocimiento de primera mano a lo largo de cuatro años, tiene base para afirmar que:
- El gobierno de EE.UU. posee naves de origen no humano recuperadas en distintos puntos del planeta, con los primeros programas datando de la década de 1930.
- Algunos de estos objetos recuperados llegaron con restos biológicos no humanos.
- Existe un programa multi-décadas de recuperación e ingeniería inversa de esta tecnología, operado con un secretismo que supera la supervisión del Congreso.
- Ha habido personas heridas físicamente trabajando en ingeniería inversa de esta tecnología, con síntomas descritos similares al Síndrome de La Habana.
- El financiamiento de estos programas secretos proviene en parte de sobreprecios que contratistas privados cobran al gobierno y de la malversación de fondos de otros programas —lo que él denomina «apropiación indebida».
- Sobre las afirmaciones del director de AARO, Dr. Sean Kirkpatrick, de que no se ha encontrado evidencia de actividad extraterrestre, Grusch fue directo: «No es correcto.» Y añadió que conoce a personas que también hablaron con Kirkpatrick y sabe lo que le dijeron.
Grusch reconoció haber sufrido represalias por sus revelaciones, y existe una investigación abierta al respecto. Describió las tácticas utilizadas contra él y otros colegas como «terrorismo administrativo»: atacar la carrera, el nivel de acceso y la reputación de quien se atreve a hablar. Una parte significativa de las preguntas más importantes no pudo responderse en sesión abierta. Grusch se negó a responder en público —pero ofreció hacerlo en una sala compartimentada de alta seguridad (SCIF)— sobre:
- Los nombres de las personas con conocimiento directo de los programas de recuperación.
- Las bases militares donde estarían almacenados los materiales recuperados.
- Los nombres de los contratistas privados involucrados.
- Si el gobierno ha tenido contacto con alguna entidad inteligente no humana.
- Las imágenes satelitales de presuntos sitios de impacto.
- Si alguien ha sido asesinado para mantener el secreto (a esta pregunta, Grusch respondió que había dirigido a personas con ese conocimiento «a las autoridades correspondientes»).
- Varios congresistas solicitaron explícitamente que se organice una sesión clasificada con Grusch como siguiente paso.
El patrón de comportamiento de los objetos
A lo largo de la audiencia emergió un patrón consistente sobre el comportamiento de los UAP:
- Interés por instalaciones nucleares y aviones de guerra: múltiples testigos y registros históricos apuntan a que estos objetos aparecen con frecuencia cerca de tecnología militar avanzada y armamento nuclear.
- Capacidad de interferencia: el objeto del incidente Tic-Tac bloqueó activamente el radar del F-18. En el incidente de Eglin Air Force Base descrito por el congresista Gaetz, un objeto hizo que el radar y el sistema FLIR de un avión de pruebas dejaran de funcionar.
- Formaciones múltiples: en el incidente del video «Gimbal», los pilotos mencionaron «una flota de objetos» que no aparecía en la cámara FLIR.
- Presencia sostenida en el tiempo: los objetos frente a la costa este de EE.UU. fueron avistados de forma continua entre 2014 y 2020, convirtiéndose en parte de los briefings prevuelo de pilotos navales.
El problema del silencio institucional
Quizá el punto más práctico y urgente de la audiencia fue la denuncia del sistema de silencio que rodea estos avistamientos:
- Las aerolíneas comerciales estarían enviando órdenes de cese y desistimiento a pilotos que intentan reportar avistamientos, anteponiendo su reputación a la seguridad de los pasajeros.
- Desde 2021, todos los videos de UAP están clasificados como secreto o superior, lo que impide cualquier debate público.
- En bases militares como Eglin, a los pilotos se les dice explícitamente que lo mejor para su carrera es olvidar lo que vieron.
- El congresista Burchett llegó a afirmar que cuando intentó incluir en una ley de la FAA un artículo para que los pilotos comerciales pudieran reportar avistamientos al Congreso, la enmienda nunca llegó a comité por presión de la comunidad de inteligencia.
Lo importante es que no se presentaron pruebas directas, y es fundamental señalarlo: ninguno de los tres testigos presentó pruebas físicas durante la audiencia. El único material visual conocido públicamente sigue siendo el video del Tic-Tac, publicado por el Pentágono. Grusch basa su testimonio en las declaraciones de más de 40 personas con acceso de primera mano, documentación oficial y fotografías que proporcionó al Inspector General y a los comités de inteligencia, pero que no son públicas.
Los congresistas son conscientes de esto. El objetivo declarado de los próximos pasos es acceder a esa información en entornos clasificados, citar a más testigos —Grusch ofreció elaborar una lista de testigos «cooperativos y hostiles»— y avanzar en legislación que proteja a los denunciantes y centralice la recogida de datos.
La audiencia no resolvió el misterio, pero sí estableció, bajo juramento y ante el Congreso de la nación más poderosa del mundo, que:
- Existen objetos en el espacio aéreo estadounidense con capacidades físicas inexplicables con la tecnología conocida.
- El índice de subregistro es altísimo debido a una cultura institucional de silencio.
- Hay afirmaciones creíbles —aunque sin pruebas públicas aún— de que el gobierno posee material de origen no humano.
- Hay programas secretos que operan fuera de la supervisión del Congreso, financiados de manera opaca.
- Como dijo el congresista Langworthy al final de su intervención: «O Estados Unidos tiene un adversario en este mundo que no conocemos, o tenemos investigaciones muy serias que hacer.»
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Itzhak Bentov y la mecánica de la conciencia en el cosmos
¿El Más Allá y el Cosmos pueden ser explorados con la consciencia?
Itzhak Bentov nació en Checoslovaquia en 1923, sobrevivió al Holocausto, contribuyó a los esfuerzos militares de Israel durante su Guerra de Independencia y emigró finalmente a Estados Unidos sin ningún título universitario formal. A pesar de esta ausencia de credenciales académicas convencionales, se convirtió en uno de los pioneros de la ingeniería biomédica, inventor del catéter cardíaco dirigible, dispositivo que transformó el tratamiento de enfermedades cardiovasculares y cuya empresa acabaría siendo adquirida por Boston Scientific. Pero la dimensión más singular de Bentov no residía en sus patentes, sino en las preguntas que se formulaba por las noches: ¿cómo funciona la conciencia y qué lugar ocupa en la estructura del cosmos?
Su obra fundamental, «Stalking the Wild Pendulum» (1977), parte de una premisa aparentemente sencilla: el cuerpo humano es un oscilador finamente afinado. Cada latido del corazón genera ondas que rebotan por el interior del organismo; cuando esas ondas alcanzan la bifurcación de la aorta en la pelvis, producen un eco que, durante estados de meditación profunda y contención de la respiración, entra en resonancia con el propio latido. El sistema se sincroniza entonces a una frecuencia de aproximadamente siete ciclos por segundo, coincidente con el ritmo alfa del cerebro. Para Bentov, este no era un detalle fisiológico menor: era la puerta de entrada a estados de conciencia expandida. La meditación no era una práctica mística indefinida, sino un fenómeno con una mecánica física precisa y medible.
De ahí Bentov extraía una consecuencia mayor: si el cerebro puede sincronizarse con esa frecuencia, no está generando conciencia, sino sintonizándola. El cerebro, en su modelo, funciona más como un receptor de radio —o un amplificador— que como la fuente original del pensamiento. La conciencia no se fabrica dentro del cráneo; se recibe desde un campo más vasto. Esta idea lo colocaba en una posición radicalmente distinta al paradigma materialista dominante, que situaba toda experiencia subjetiva como producto exclusivo de la actividad neuronal.
Para sostener este salto, Bentov recurrió al modelo holográfico del universo. Igual que en un holograma cualquier fragmento contiene la información del conjunto, cada parte de la realidad portaría en sí la totalidad. La conciencia no estaría localizada; estaría distribuida en todo el tejido del universo, y el ser humano podría acceder a ella en la medida en que sus propios ritmos internos se alineen con los del cosmos. Esta visión la desarrolló en paralelo —y de forma independiente— a las teorías del neurocientífico Karl Pribram y del físico David Bohm, quienes llegaron a conclusiones similares desde sus propias disciplinas.
La estructura del universo en sí misma también fue objeto de su especulación. Bentov propuso que el cosmos no es el resultado de una explosión única que se expande indefinidamente, sino un sistema cíclico con forma de toro —análogo a un donut—, en el que la energía y la materia fluyen hacia afuera, se curvan y retornan hacia el interior en un proceso continuo de creación y renovación. Este ciclo se despliega en seis fases que incluyen colapso gravitacional, expansión, organización y contracción. El universo, en este modelo, no es estático ni lineal: es rítmico, como el latido que Bentov ya había estudiado en el cuerpo humano. La misma lógica oscilatoria que gobernaba la fisiología se repetía a escala cósmica.
Bentov también formuló una teoría sobre la evolución de la conciencia: esta no alcanza un estado fijo, sino que se desarrolla progresivamente hacia lo que él denominaba el «absoluto», fuente última de toda conciencia. El ser humano sería una etapa en ese proceso evolutivo más amplio, no el punto de llegada. En su segundo libro, «A Brief Tour of Higher Consciousness», exploró estos estados superiores con mayor detalle, describiendo experiencias de conciencia no ordinaria como fenómenos que siguen una arquitectura interna comprensible.
Sus ideas llegaron incluso a documentos clasificados del ejército estadounidense. En 1983, el teniente coronel Wayne McDonnell elaboró un informe sobre el denominado «Gateway Process» —desclasificado en 2003—, en el que el modelo de Bentov del cuerpo como oscilador fue empleado para explicar cómo los binaural beats podían sincronizar los hemisferios cerebrales y conducir a estados alterados de conciencia útiles para la visión remota y el aprendizaje acelerado. Que sus teorías acabaran siendo incorporadas a un programa militar secreto dice tanto de su originalidad como de la imposibilidad de encuadrarlo cómodamente en ninguna categoría.
Bentov murió el 25 de mayo de 1979, a los 55 años, en el accidente del vuelo 191 de American Airlines en Chicago, el peor desastre aéreo no terrorista de la historia estadounidense. Viajaba hacia California para luego seguir a Japón, donde tenía previsto hablar con científicos sobre la relación entre la física y la conciencia.
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¿Tienen los políticos españoles responsabilidad penal ante la violencia que se está viviendo?
España sigue en el periodo más oscuro de su etapa democrática, con extrema violencia diaria
En los últimos años, España vive una creciente percepción de inseguridad marcada por el aumento espectacular y distópico de delitos especialmente violentos: asesinatos, apuñalamientos, decapitaciones, agresiones sexuales en grupo, robos con fuerza, ocupaciones ilegales, palizas, tiroteos, terrorismo y amenazas que aparecen en los medios y en la conversación pública, pese a los torpes intentos de silenciarlo por parte de las autoridades policiales y políticas. Esta sucesión de hechos, junto al imparable aumento de detenidos por terrorismo islámico, ha generado la sensación de que el país se encuentra en un punto de no retorno en el que se ha normalizado la violencia como algo cotidiano con lo que hay que convivir.
La reciente liberación de datos por parte de policías autonómicas, especialmente en el País Vasco, ha intensificado el debate al señalar perfiles y patrones delictivos que, según esas informaciones, apuntan a una correlación entre delitos graves e inmigración ilegal no sometida a ningún tipo de control. Estas conclusiones, más allá de la polémica que generan, han reforzado la percepción social de que existe un problema estructural mal gestionado, que requiere un análisis riguroso y respuestas claras desde las instituciones, tanto políticas como judiciales y policiales.
Este escenario devastador contrasta con las políticas impulsadas por el Gobierno de Pedro Sánchez, orientadas a facilitar la acogida de personas que acceden al país de manera irregular, proporcionándoles alojamiento, manutención, asistencia básica, dispositivos móviles, ayudas económicas y hasta programas de inserción laboral. Para una parte de la ciudadanía, esta actuación resulta difícil de entender, teniendo en cuenta que está aumentando considerablemente el número de indigentes que viven en la calle (incluso muriendo por desatención) y cuando se compara con las enormes dificultades que afrontan quienes intentan regularizar su situación por las vías legales. El proceso para obtener la residencia en España de forma legal suele convertirse en una auténtica carrera de obstáculos: la escasez de citas en extranjería debido a los constantes cuelgues de la página web y la existencia consentida de mafias que trafican con ellas, la falta de recursos y el desconocimiento de idiomas básicos como el francés o inglés por parte de los trabajadores, o los requisitos especialmente estrictos para formalizar matrimonios mixtos con personas extracomunitarias, que incluyen interrogatorios exhaustivos, investigaciones personales y exigencias económicas elevadas, a pesar incluso de que exista un matrimonio previo.
Esta gravísima desigualdad de trato percibida entre quienes intentan integrarse legalmente y quienes acceden al sistema por vías irregulares alimenta una sensación de injusticia y abandono institucional. Si a ello se suma el aumento de la violencia percibida en barrios y municipios de todo el país, en muchas ocasiones gestionada por los vecinos ante la pasividad policial, el resultado es un clima de tensión social cada vez más difícil de ignorar que está llevando especialmente a España a la peor situación de su etapa democrática.
Ante esta situación que se agrava cada día, surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto los responsables políticos y judiciales de España pueden asumir algún tipo de responsabilidad penal o jurídica por la gestión de un contexto que muchos consideran extremo? No se trata únicamente de delitos concretos, sino de una acumulación de decisiones, omisiones y discursos que han contribuido a un ambiente de crispación constante en los medios de comunicación controlados por el gobierno con subvenciones o afinidad y a la normalización del conflicto como parte del debate público. Un escenario que no solo interpela al Derecho Penal, sino también a la responsabilidad ética e institucional de quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad, la igualdad ante la ley y la convivencia social.
Sin embargo, el debate se vuelve más complejo cuando el discurso político traspasa determinadas líneas. La utilización sistemática de un lenguaje deshumanizador, la justificación implícita de la violencia dependiendo de quién la ejerce, la señalización de colectivos como enemigos o la difusión consciente de mensajes que pueden provocar alteraciones graves del orden público pueden tener consecuencias jurídicas si se acredita que existe una incitación directa o indirecta al delito. En esos casos, el Código Penal contempla figuras como los delitos de odio, la provocación, la conspiración o la apología, que no excluyen a los cargos públicos por el mero hecho de serlo.
A ello se suma la cuestión de la responsabilidad por omisión. Determinados cargos políticos, especialmente aquellos con competencias en seguridad, orden público o protección de derechos fundamentales, tienen deberes legales específicos. Si se demostrara que una inacción deliberada, negligente o gravemente irresponsable ha facilitado la comisión de delitos violentos, podría abrirse un escenario de responsabilidad penal, aunque en la práctica probar este vínculo resulta jurídicamente muy complejo y poco frecuente.
Más allá de los tribunales, existe una responsabilidad política y moral que no siempre coincide con la penal, pero que resulta igual de relevante en una democracia. Cuando el discurso público se radicaliza, cuando se prioriza el enfrentamiento sobre la convivencia y cuando se instrumentaliza el miedo o la indignación, el daño social puede ser profundo aunque no siempre punible. El Derecho Penal actúa como última ratio, pero no puede ni debe sustituir al debate ético ni a la exigencia ciudadana de prudencia, mesura y respeto institucional.
En definitiva, los políticos españoles no están al margen de la ley y pueden enfrentarse a responsabilidades penales si su conducta encaja en tipos delictivos concretos relacionados con la violencia. No obstante, atribuirles penalmente la extrema violencia social en términos generales no es jurídicamente viable. El verdadero riesgo quizá no sea solo penal, sino el desgaste democrático que supone normalizar un clima de tensión permanente, donde la violencia deja de ser una línea roja clara y se convierte en un daño colateral asumido del juego político.
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